Los objetivos se centran en lograr cadenas más seguras, sostenibles, competitivas e inteligentes. Con un equipo dedicado en exclusiva a la I+D de 16 personas, todas las fábricas del grupo en Bizkaia están sumergidas en el avance del proyecto. Bizimoor (el nombre proviene de bizi, vivir o vivo en euskera, y moor, anclaje o fondeo en inglés, por lo que podría traducirse como ‘línea de fondeo viva’) abarca desde el proceso de fabricación de las cadenas en planta hasta qué ocurre con ellas en sus entre 20 y 35 años de vida útil en el mar y su posterior reciclaje.
En fabricación, la apuesta pasa por implantar soluciones de industria 4.0, con procesos de automatización o técnicas de inspección que se puedan robotizar para que los puestos sean más ergonómicos y sencillos. Uno de los objetivos es que el proceso sea inteligente, haciendo que a partir del big data que se recopila ya en cada fase, la maquinaria sea capaz de ajustarse en base a las variables recogidas en etapas anteriores -que el proceso para soldar las cadenas tenga en cuenta la temperatura a la que ha tenido que ser calentado ese acero en concreto, por ejemplo-. La fabricación avanzada es uno de los pilares del proyecto.
El grupo de 450 trabajadores profundiza en lograr cadenas más íntegras, con aceros de alta resistencia, soluciones químicas diferentes y menos contaminantes y recubrimientos que mejoren la integridad evitando efectos como la corrosión y el desgaste. Una vez las cadenas son trasladadas a destino, se trabaja en robotizar el proceso de instalación para reducir sus tiempos en eólica flotante y la incorporación de conectores que lo permitan.
Sensórica bajo el mar
Entre las claves del proyecto está la incorporación de sensores en las cadenas que faciliten la recopilación de datos sobre lo que ocurre en ellas con el paso del tiempo, desde identificar grietas hasta recopilar información sobre su evolución y sus accesorios en un entorno complejo, con muchas variables que escapan al control de las personas -condiciones meteorológicas, etc.-. Esto supone una gran evolución con respecto a lo que se realiza hoy en día, ya que las inspecciones son visuales y periódicas, con inmersiones de buzos o robots.
Conocer mejor cómo se comportan y degradan las cadenas y sus accesorios ayuda a implantar el mantenimiento predictivo y a mejorar las simulaciones, reduce las probabilidades de que una plataforma tenga que paralizar su actividad por una reparación de las líneas de fondeo, con el gran impacto económico que supone, y también ayuda a reducir los riesgos medioambientales -vertidos de crudo- y los laborales de las personas que trabajan en estos espacios, así como de quienes inspeccionan las cadenas en el mar.